domingo, 22 de mayo de 2011

El poder de la oración


El estudio del poder de la oración ha inquietado desde siempre a algunos médicos y parapsicólogos. Todos ellos han estudiado este asunto siguiendo protocolos científicos, utilizando métodos válidos y aceptados universalmente.




Una de las investigaciones más destacadas la efectuó en 1984 el cardiólogo Randy Bird. Para su ensayo utilizó como muestra a casi cuatrocientos pacientes.

 De forma aleatoria, mediante ordenador, los dividió en dos grupos. Todos estaban ingresados en la unidad de enfermedades del corazón del Hospital General de San Francisco. El primer grupo lo formaban 192 pacientes. Mientras que el segundo estaba integrado por 201. Era una de las investigaciones más ambiciosas realizadas respecto a este asunto.

Tras la selección, el doctor Bird efectuó una ficha de los pacientes del primer grupo. Dichas fichas fueron entregadas a un grupo de religiosos pertenecientes a varios cultos.
Debían rezar, meditar o concentrarse pensando en ellos.

Para asegurarse un buen resultado, el médico elaboró un protocolo gracias al cual ni pacientes ni personal médico sabían nada del asunto.

El experimento se prolongó por espacio de un año. Transcurrido este tiempo, el científico comprobó los resultados. El objetivo era sencillo: saber si el grupo elegido para el ensayo había mejorado más que el de control.
El doctor Bird comparó los resultados. Por ejemplo, respecto a si los pacientes habían requerido en algún momento de sus dolencias procesos de intubación. Los resultados le sorprendieron: ninguno de los enfermos sobre los que se había rezado lo requirieron, mientras que en el grupo de control necesitaron ese auxilio hasta doce de los pacientes.
Y siguió comparando datos…
Tres enfermos del primer grupo tuvieron que recurrir a un tratamiento farmacológico específico, mientras que hasta doce del segundo lo necesitaron.
En el primer grupo, ocho pacientes sufrieron edemas pulmonares, y en el segundo, un total de dieciséis.

 Para Bird, todos los datos lo llevaban a una conclusión: lejos del azar, algo había influido en beneficio de la salud del primer grupo. Finalmente, los resultados de esta investigación fueron publicados en una revista científica.
No fue el único estudio realizado.
Platon Collip, profesor de pediatría de la Universidad de Nueva York, efectuó otro estudio similar en esas mismas fechas.
Como muestra para su examen, se sirvió de dieciocho niños que sufrían leucemia. Diez de ellos fueron sometidos al mismo examen y varios grupos de personas oraron por ellos.
El experimento duró quince meses. Tras ese tiempo, ocho de esos diez pacientes seguían con vida. Mientras, en el grupo de control, sólo dos habían logrado superar la fatal enfermedad.
Tras descartar el azar, el doctor dictaminó que, al margen de las terapias, hubo algo que actuó en beneficio de los enfermos.
En total, a lo largo de los años se han realizado hasta veintitrés investigaciones similares.
De todos estos estudios, trece llegaron a la conclusión de la existencia de alguna influencia externa en beneficio de la salud de aquellos pacientes “protegido” por la meditación, oración u otras técnicas.

El propio Krucoff, el último investigador en realizar un análisis de estas características, acepta como válidos esos estudios. Sin embargo, se pregunta si más allá de la oración es otro elemento el que influye en los pacientes. En el fondo, algo similar llevan proponiendo desde hace tiempo los parapsicólogos. Creen que, más allá de los rezos, el secreto está en la fuerza mental de varias personas que, a la vez, de forma coordinada y en una dirección, concentran todos sus esfuerzos psíquicos en un objetivo.
Extraído del libro “Expedientes del Misterio” de Bruno Cardeñosa

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